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domingo, 30 de agosto de 2009

Qué triste es comer solo

No me gusta desayunar sola.
No me gusta hacerme la interesante leyendo el periódico.
No me gusta ir de cañas pero sí de merienda.
No me gusta dormir sola.
No me gusta estar sola en casa (aunque me encante estarlo y hasta las mil en mi cuarto escribiendo, retocando fotos, investigando).
No me gusta salir pronto de trabajar si no tengo otra cosa que hacer.
Ni me gusta tomarme la hora de la comida si sólo yo me oigo masticar.
No me gusta necesitar de algo o de alguien.
Me gustaría saber disfrutar de mí, me, conmigo.
No me gusta leer en este post, tantas veces, la palabra "sola".

Independiente y dependiente emocional.
Sí, y ¿qué?
No sé quién me hizo creer que es malo el querer pasar tiempo con la gente a la que quiero.
Ni sé quién me hizo creer que es mejor ser una almeja (o un mejillón) y encerrarte para evitar que te hagan daño los demás.
No sé por qué los "demás" son enemigos del "yo", ni sé por qué el "yo" me hará sentir mejor una tarde de domingo que el "tú".

Reivindico la tiranía de los pronombres...
... de los verbos conjugados, de ti y de mí.


Grito, porque soy muy escandalosa, que me gustas tú.
Que quiero ir al cine y comentar la peli con vosotros; ir en la búsqueda de calcetines; abrazarte, besarte y lamerte (porque me gusta tu 'calor corporal'); jugar a los superhéroes con ellos (que compartir la vergüenza es siempre más reconfortante); secuestrarla para beberme sus penas; hacer olas en la cama con mí, tú, él, ella, nosotros, vosotros y ellos.

Qué triste es comer solo sin poder pinchar de algún otro plato, ¡ains!

Inés azul, de Pablo Albo y Pablo Auladell

"Llamamos a las olas para que nuestra playa no se quede sosa.

Le levantamos la orilla al mar y miramos debajo.

Los peces se van gritando, siemprelos pillamos desnudos.

Hacemos montañas de arena y las escalamos.

Acabamos derrotados".

¡Pero juntos!

sábado, 29 de noviembre de 2008

¡Para comerte mejorrrr!

He tenido unas semanas con poco tiempo y menos ánimo como para entregarme a escribir, pensar y, en definitiva, dedicar tiempo a 'mis palabras'. ¡Pobres ellas! Las tenía por ahí abajo tratando de subir hasta mi boca y ¡ZAS! me comía un trozo de magdalena (por ejemplo) para matar la ansiedad y volvían a bajar. Es muy duro para la palabra 'lobo' trepar desde las entrañas de mi tripota hasta mis labios cargada con 'magdalena'. Mucho peso, ¡ains!
Menos mal que tengo siempre a mi ELEfantito soplándome y, cuando se me mueve el flequillo, mi frente se despeja y recuerdo cuánto me gusta leer, ver, mirar, oler, sentir, pintar, tralala tralalá... Así que, esta semana me mandó la historia que ahora os dejaré leer... y al ver el site del escritor me he puesto muy contenta porque él mismo se define como "Domador de palabras".
Las somete todos los días a un curioso y exhaustivo entrenamiento. Les redobla las esquinas, les rebusca los recovecos...
Y cuántas veces no me habré sentido 'rara' por dar demasiada importancia a las palabras... Y cuántas veces no me habrán y habré cuestionado por darles demasiado crédito y "coleccionarlas". Y cuántas veces no he querido más que leer alguna hermosa antes de dormir porque, sintiéndolo mucho, me hacen sonreir y siento que me acurrucan y, por fin, puedo dormir.
...Por aquella manía que tienen de decir lo que callan, de sugerir lo que no han dicho, las palabras nunca son lo que parecen.
Y qué agradable es ver cuántos 'raros' hay que dicen cosas que me hacen sentir que los soñadores no estaremos de moda pero... haber los 'ailos'.
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No recuerdo a dónde iba, pero sí que paladeaba unos versos. Me gusta hacerlo. De niño chupaba regaliz por las calles; hoy rumio palabras. No hacen el viaje más corto, pero lo hacen más viaje. Llovía. De pronto, me asaltó una pregunta:
- ¡Alto, esto es una pregunta! ¡Arriba las manos...! Bueno, mejor no las retires del volante. Pero no intentes hacerte el listo y contesta: ¿Para qué sirve eso de leer?
-Leer –
me digo en cuanto se me pasa un poco el susto. Las preguntas no siempre son inofensivas, aunque la verdad es que esta parece buena-. ¿Para qué sirve leer?
- ¡Para comerte mejor!
–contesta raudo el lobo feroz que siempre viaja conmigo. Tengo que quitarme la manía de hablar solo cuando voy de viaje.
-Calla, hombre. No te preguntaba a ti –le digo, aunque sonrío por dentro. La verdad es que tiene razón, pero no debe enterarse o se pondrá muy pesado. Además no tiene mérito, siempre contesta lo mismo.
- ¡Ay, si yo supiera leer! –sigue él-. Léeme por favor.
Bromeando, le leo el primer cartel que pasa: “Caudete. 30 kilómetros.”
-¡Oh, Caudete. 30 kilómetros! ¡Qué bonito suena! ¿Cómo será Caudete? Me lo imagino azul y con peligros en el camino. Sí, eso es, lleno de cazadores o de leñadores o de leñadores-cazadores...
-Lobo.
-¿Qué?
-Sabes leer mejor que muchas personas humanas.
-Pero si yo no conozco las letras.
-Da igual.
- Ah
–dice y parece reflexionar, aunque yo sé que no lo ha entendido del todo.
- Gracias –le digo.
- ¿Por qué?
- Me has hecho pensar.
-De nada. Al fin y al cabo soy un personaje de cuento. Es mi obligación.

© Ilustración de Pablo Bernasconi
Relato de Pablo Albo