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domingo, 24 de enero de 2010

El chorro caótico

Algunos movimientos son impredecibles.
Si abrimos un poco el grifo las gotas caen con regularidad.
Este patrón ordenado se destruye cuando aumentamos el caudal del agua.




7:30 de la mañana. Apaga el despertador instintivamente. Musita un bostezo que se queda colgado en el cabecero de la cama. Se incorpora y se queda sentado en el borde de ésta 1, 2, 3, 4, 5, 6… y 7 segundos. Siempre, 7 segundos.
Respira y, sin resignación, por fin se levanta con cuidado de no despertarla.
Se lava la cara. Se desnuda. Orina. Tira de la cadena. No baja la tapa del váter. Se mira al espejo. Se acaricia la cara para evaluar si afeitarse o no. “Puedo aguantar dos días más”, se dice.
Se ducha con agua tibia. Se seca de arriba abajo, siempre, empezando por el pelo hasta terminar en los pies. Entra en su cuarto en pelotas. Le gusta estar desnudo recién duchado. Mira por la ventana, siempre. Vuelve al baño, se lava los dientes, los oídos, se perfuma –la elección de un perfume diferente es la única pauta que rompe su rutina- “Armani Code” hoy será su sello.
Ropa, zapatos, reloj… todo cuidadosamente preparado el día anterior, siempre. Hoy se pondrá chinos beige, camisa blanca, zapatos marrones de punta, cinturón a juego con los zapatos. Se seca el pelo, se peina y se mira al espejo percibiendo que se está haciendo mayor: le falta frescura y le mata ver esas entradas. “Mala suerte, tendré que hacer algo con la caída del cabello”, se dice,
siempre.
Vuelve a la habitación y se inclina sobre ella para darle un beso. “Qué bien hueles hoy… como todos los días”, se dice a sí misma medio despierta. “Que tengas un buen día, pequeña”.

Baja las escaleras y, en la cocina, coge llaves, móvil, tabaco, pañuelos… Se pone un café cortado y se sienta en un taburete junto a la mesa. Empieza a evidenciar que hoy tendrá un día intenso y que ha de darse prisa.

Llega a la oficina. Cuelga su abrigo, enciende el ordenador y mientras éste obedece se pone el segundo café de la mañana.
Son las 8:45. Como siempre.
Se sienta y, antes de ver los correos electrónicos almacenados en su bandeja de entrada de la empresa teclea www.hotmail.com.
Inicia su sesión:
4 mensajes nuevos.
Sonríe de medio lado al ver el remitente de los dos primero. Como siempre.

Mensaje 1
Asunto: Cuándo quedamos?

Me acosté pensando en ti y en aquello que me decías el otro día. Pensaba en cómo me desnudabas, en cómo me tocabas el pelo, en cómo acariciabas mi cuerpo… Me fascina lo sexy que eres, el misterio que te rodea, tu vida llena de sorpresas… Creo que sería buen momento para materializar todas las palabras, ¿no crees? Buenos días, me he levantado pensando en ti.

Mensaje 2
Asunto: Para ti
No hay texto sólo cuatro fotografías adjuntas. Fotos mal iluminadas, mal enfocadas… En ellas, una mujer de unos 40 años posa con descaro ante su propia cámara, desnuda, rozando la pornografía.
Responder: “Mmmmm, muy sexy. ¿Habrá segunda parte?”

Mensaje 3
Asunto:
Newsletter Mundo Deportivo

Mensaje 4
Asunto: Meetic te recomienda a…

Mira dos veces. Pincha inmediatamente sobre el link y la persona propuesta. Se rompe. Deja de gotear y se derrama.
34 años, castaña, hermosa, heterosexual, soltera, administrativa, madrileña, aficionada a los restaurantes japoneses. Busca pareja. Hermosa, muy hermosa, dolorosamente hermosa.
Lástima que ya esté casado con ella.

El grifo se abre estrepitosamente, caótico. Por primera vez.

viernes, 14 de agosto de 2009

Un tinto de verano


20:00 de la tarde, un día de cualquier verano.
Terracita madrileña.
Dos amigos conversan, o marujean -que para el caso es lo mismo-.
Un pistacho a la boca, ñam ñam, una almendra, sorbo de tinto...

- Y ya estoy harta de pasar desapercibida. No quiero un novio, ni quiero enamorarme, ni que me amen locamente...

Trago largo del tinto de verano, el oyente mete una patata en su boca, ñam ñam. Termina de tragar...
-... no quiero un 'para siempre' ni el mejor polvo de mi vida. Sólo quiero no sentirme una más, quiero que me miren como si fuera especial, con ojos de sorpresa, que me busquen toda la noche con los ojos... aunque haya dos morenas y una rubia bailando la Macarena a su lado...

Su amigo juega ahora con un hielo en la boca que secuestró del vaso en el tercer trago al tinto de verano...
- ... que me busquen porque les intereso, aunque sea sólo para esa noche, o para esa tarde con tostada y café, pero que me hagan sentir que durante ese rato es conmigo con quien quieren estar...

Ñam ñam, trago, ...
- Quiero eso, sentirme especial y no invisible que ya no sé si ponerme escote o ir con un libro de Sócrates bajo el brazo. Quiero colarme en la memoria poética de alguien...

Sonido de kikos masticados.
-... Bueno, eso o que al menos el tío mienta muy bien.

domingo, 24 de mayo de 2009

Marketing directo



BRIEFING A CREACIÓN
Producto o servicio: El chico ideal
Cliente: Mujeres decepcionadas S.A.

1. SITUACIÓN DE PARTIDA
Nuestro cliente, tras varias relaciones fallidas y distintas estrategias llevadas a cabo por encontrar a un hombre que sea lo que parece ser y que las haga sentir especiales, demanda un producto que le devuelva la confianza en sí misma y en el género masculino.

2. OBJETIVOS DE LA CAMPAÑA
Esta campaña persigue la satisfacción plena, psicológica y sexual, de las mujeres de esta compañía. Para ello creará a un hombre a la medida de su cliente que evite decepciones, fracasos, desengaños y frustración femenina. Ante la satisfacción de las primeras seremos capaces de captar a nuevas consumidoras mediante un producto de calidad y notoriedad.

3. DESCRIPCIÓN DEL PRODUCTO O SERVICIO Y DE SUS VENTAJAS PRINCIPALES
- Hombre atractivo, más que guapo, en gestos, forma de hablar, de vestir…
- Con personalidad suficiente como para no jugar a patios de colegio y decir qué quiere y cuándo.
- ¡Ah! Los patios de colegio no excluyen una persona capaz de jugar, esto es, hacer de lo cotidiano algo fabuloso que suscite la sonrisa (y muchas otras veces la carcajada).
- Que sea sincero con sus sentimientos, empáticos con los de ella, y no sea orgulloso para pedir perdón.
- Trabajador y aventurero.
Educado y que tenga cierto punto de canalla.
- Que sea generoso, tolerante…
- Que no tenga miedo al sexo y esté dispuesto a dar y a que le sorprendan…

Ventajas del producto: mujeres felices, satisfechas, menos competencia en los bares de alterne, mujeres con la autoestima más alta y menos escépticas...

Sinceramente, todo el mundo sabe que la publicidad y el marketing mienten.
Pásate a la vida de verdad y toma riesgos... porque el amor no ha de ser elección sino accidente.
¡Ah! Además, no se usa photoshop.

domingo, 8 de febrero de 2009

No puedo pensar en Madrid... ni en su reloj


La estación de tren no huele a galletas... huele a sándwich del Rodilla.

Sube a toda prisa el último tramo de escaleras mecánicas. Agua, quiere agua. En el andén la espera.
- ¡Llegué! —guiña un ojo— ¿me da tiempo ir por un sándwich?
- Claro pero... ¡corre! —anima la muchacha, imitando con su dedo el caminar de las agujas del reloj.

Gravita sobre sus pasos, su bufanda simula la estela de una estrella fugaz.
Planta -1.

Se pone a la cola de... ¿1... 2... 3...? Tres personas esperan su turno. Taconea esperando el suyo.

- ¡Venga! —piensa— Dale el cambio ya —apremia mentalmente a la chica del mostrador—. Dos, aún quedan dos, me va a matar como perdamos el tren.


Una mano agarra su cintura en una caricia y sigue caminando. Mira la mano, sigue su estela, gira el cuello hacia atrás...


TIC tac TIC tac TIC.
[El tiempo se para. El aire que respira se ha estancado en su pecho provocando un tsunami en su interior. Brotan las lágrimas y abre los ojos perpleja al encontrar charcos en lugar de pozos secos. Gira de nuevo sobre sí misma mirando al mostrador. No hay reloj; el único dígito, el del atún con tomate: 2,15.
- No tiene remedio —exclama al fin—, es muss ein.]

- ¿Siguiente?
Corre en dirección contraria con maleta en mano; cinco metros, lo que le parecen 50. Le adelanta y le abraza con todo el cuerpo al tiempo que le murmura:
- Que sepas que te odio.

El muchacho no se sorprende al verla, al sentirla. Sonríe. Sonrisa de medio lado, sonrisa de ladrón, sonrisa etrusca, sonrisa.

- ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no has contestado a mis mensajes? —la niña hace pucheros entre pregunta y pregunta.

Le mira a los ojos. Ojos de mar, ojos a sabor de higos, ojos sin legañas, ojos.

- Porque era una apuesta perdida de antemano. Y no hay droga más dura que el roce de tu piel, Estela.

[ El TIC tac sigue ahogado en el TIC. Le abraza con todo el cuerpo, trata de volver a memorizar su olor, su calor... siente que jamás se fue, recuerda que él era ola al hacerle el amor, que se mecía entre sus dedos, que se ahogaba al pronunciar su nombre en una eterna sonrisa].

- Me voy —concluye Estela en un pálpito, con sorpresa, con un TIC.

No mira atrás, tiene pánico a convertirse en estatua de sal.

- ¡Le odio, le odio, le odio!... aún le quiero.

TAC.

http://nityayang.blogspot.com/2008/05/una-apuesta-perdida.html

jueves, 5 de febrero de 2009

Soledad+Soltería=¿Amor?

© Foto de Kekakamara

Dolores de pie, junto a una mesita, con el teléfono en la mano. Es media tarde. El sol sólo mancha la pared de la izquierda. Frente a la ventana una butaca, a los pies de ésta, Paco tumbado boca abajo. Dolores, en penumbra, cuelga el teléfono. Entra en foco ensimismada.

Dolores: Yo es que estoy alucinada, ¿qué se va a casar? ¡Pero si le conoció hace seis meses! No entiendo nada... No lo entiendo... ¿te he dicho que no lo entiendo? Un poco cínica, ¿no? (Con voz de burla) "Dolores, se está mucho mejor sola, tienes todo el tiempo del mundo para ti y para ti; Dolores, pásatelo bien y encuentra a un tío que te vuelva loca", ¡bah!
Paco: (sube una 'ceja')
Dolores: Ya ya ya, ya sé qué estás pensando pero no, no le vuelve loca. Me ha dicho que les gustan las mismas pelis, que así podrá ir a la boda de Marta con pareja, que salen a cenar con otras parejas... ¡Por dios! Si parece que el no estar solo es un motivo tan poderoso como el mismo amor. Una medalla, nene, te lo digo yo, hoy en día tener pareja es como quien muestra su título en la pared.
Paco: (se levanta y, con aire taciturno, se pone a mirar por la ventana)
Dolores: Paco, no, no estoy celosa, todo lo contrario, es que me pone de los nervios que vayamos de mujeres independientes, preparadas, autosuficientes, excepto para coser un botón, que todo hay que decirlo, y después de sacar una carrera necesitemos a un tío para que nos lleve al cine. Pero, ¿y el amor? Porque digo yo que éste jugará algún papel, ¿no?
(Dolores se pone al lado de Paco a mirar por la ventana... una procesión de 'calcetines' deambula de la mano por la calle). Mira, yo sólo digo que si quieres compañía pues que te compres un perro... Paco, ¿Paco?

Paco, en una esquina, chupa una pelota de goma...
Dolores: ... Aunque pensándolo bien (suspira)... los perros ya no son como los de antes.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Madrid Je T'aime

17:30 de un domingo. Ambos acuden con la duda de que, con el retraso de la hora, el otro haya o no llegado al encuentro.
Sube la escalinata de la izquierda....
Sube la escalinata de la derecha...
Último peldaño...
Penúltimo peldaño, ufff.

Se encuentran arriba y sonríen: al mismo instante, el mismo gesto, a la misma hora.
—Hola, nen@—,
al unísino.
Él lleva su guitarra y ella no lleva ninguna letra preparada. Un trovador del siglo 21 con sus vaqueros, deportivas, una camiseta de manga larga y su bufanda.
—Pareces Gala hará unas décadas—,
le vacila al caballero mientras se acerca para darle un beso. Echan un vistazo y buscan un lugar por el Templo de Debot donde sentarse...

Hace una tarde estupenda y, mientras él toca algunas melodías, ella trata de reconocerlas en las siluetas de las nubes.
—¿No has pensado alguna vez que las nubes son como el Test de las manchas?—, susurra ella.
—Es el test de Roche—, afina él con ironía.
—¡¡¡Ya lo sé!!! Pero ¿a que es como ese test...?
Justo en ese instante, ella veía en la siguiente nube una bailarina de Degás y él la Catedral de Burgos (o una magdalena).

A las 19:00 fueron a tomar un postre al Jardín secreto.
— Tarta de queso para compartir y... para mí... ¡una infusión de viento y olas! Y... ¿tú qué quieres?— preguntó ella entusiasmada.
— Yo... mmm, ¿un batido de tiramisú?
Se miraban entre los cristales, la tortuga de madera, los ositos de chocolate... y quitaban romanticismo aludiendo al miembro viril de algún amigo o los motes de la infancia.
— No te enamores—, susurraba él enamorándola.
— No cojas adicción a mi piel—, desafiaba ella mientras le acariciaba la cara con una mano. Mientras, la pierna de él encontraba el pie de ella.


21:00 de un domingo ámbar.
—Te invito a un local de música en directo—, resolvía él llevándose el último pedazo de tarta a la boca.
Fueron hacia el Parque del Capricho en el coche de un trovador que sustituyó su corcel blanco por 90 caballos a ruedas. Todavía no había anochecido.
— ¿Y dan música en vivo a estas horas?
Él se bajó del coche tras apagar el motor...
— Escéptica, sígueme.
Ella le siguió con los ojos cerrados. El abrió la puerta de detrás de su coche. Entraron, un portazo. Él puso el Cd del coche... Ella sonrió.
— Música en directo y personalizada—, conluyó él con media sonrisa de lado.

Ella se inclinó hacia él y acarició con su nariz su cara. "Me encanta cómo hueles....", y rozó con su lengua el labio inferior de él, "me encanta cómo sabes..."

Poco a poco la tarde se oscurecía... Un botón cedía. Un tirante caía. Un beso en el cuello... Una nube pasaba...
Ninguno advirtió su forma.


jueves, 18 de septiembre de 2008

Madrid Je T'aime


Escucha a Kate Nash apoyada en el mostrador, esperando. Apenas sabe decir una frase en inglés más allá de ‘I´m single, I’m funny, I feel good’. Le gustan los extranjeros y lo del idioma no quiere que sea un handicap para tener un romance con uno. Todos los días, a la hora de la comida, sale del estanco en el que trabaja y, con comida en mano, se sienta en uno de los bancos que hay frente al Museo del Prado. Picotea un poco de queso —cada día lleva una variedad distinta: gruyere, emmental, cheddar, de cabra, azul…— y da pequeños sorbitos a un refresco que se compra en el bar de la esquina. Con la ampliación del Prado, este está de moda y nada como ver toda variedad de hombres extranjeros en procesión: los piel terrosa, atractivos; los piel oliva, apasionados en la cama; los color cerdito, buenos compañeros de actividades extraescolares; los mantequilla, dulces… Como nunca ha salido de Madrid, salvo aquella vez que tuvo que ir a Asturias a un entierro, no tiene identificados a los hombres por países. Por eso ha inventado una pantonera personal que no incluye a los madrileños: gris ornitorrinco.
Los extranjeros no sólo le resultan exóticos, no. Siente que están tan desubicados, tan fuera de lugar y de su entorno como ella.
- Hi, ¿Puerta de Alcalá, per favor?

Frunce el ceño tratando de dislumbrar el color de la cara de la que procede ese acento masculino que nada tiene que ver con el de las pelis en versión original americanas que devora con pepinillos en vinagre en mano. Pero el sol le da en los ojos y sólo ve sombra. La voz vuelve a preguntar por la Puerta de Alcalá. Le gusta su voz.
- I´m single, I’m funny, I feel good.

El hombre sonríe, pliega su mapa y se sienta a su lado. "Color cerdito", piensa ella. Y tantas ganas tenía de enamorarse que...
Dos extranjeros en una ciudad inhóspita. El único lugar donde la incomunicación puede ser el triunfo de una relación.
¿Jugamos a enamorarnos?