sábado, 19 de octubre de 2013

Mi vida sin blog


Hace mucho desde que escribí mi último post. No emplearé la vieja excusa de la falta de tiempo o de energía porque, en mi caso, siempre renuncié a dormir lo suficiente para hacer lo que de verdad me apetecía. Bien es cierto que hice un pequeño parón diagnosticado por mi doctor al inicio de este período. Mi tratamiento consistió en evitar a toda costa hacer cosas pasada la hora de la cena, sobreestimular mi cabeza antes de dormir y agotarme físicamente con alguna actividad que me divirtiera. En cuanto me recuperé del cansancio volví (moderadamente) a las andadas: a dormir poco, sin consumir mi consciencia hasta el derrumbe. Sustituí este blog por el psicoanalista, las series (pocas pero brutales), el vino (evitando en lo posible no convertirme en una nueva Massiel) y la literatura infantil. Intenté, por fin, escribir algo para ser leído más allá de este rincón o burbuja y en este proceso me arrolló el miedo: no bastaba con la imaginación, ni con tener las palabras, no sólo consistía en tener a los personajes, ni siquiera con disponer de la fuerza en su sentido más animal.

He perdido la costumbre de escribir todos los días, incluso en el trabajo como consecuencia del cambio de funciones y de proyectos; pero me he centrado en crear un producto para publicar. Sí, digo producto con pleno conocimiento de su obscenidad y siendo injusta con el resultado: tres cuentos muy diferentes, de los que sinceramente estoy orgullosa y me divierto leyendo, que ansían por convertirse en álbum ilustrado para llenar las estanterías de alguna librería con el ánimo de ser comprado. Creo que esto último va a ser más complicado de lo que pensaba. Pensaba con absoluta ingenuidad que si algo era bueno (porque a ti te lo parece) el reconocimiento llega seguido, sin más. Una especie de ZAS, ya está. Escribes algo en lo que crees, seguro que gusta y ZAS, insisto. Eres el mejor en una entrevista de trabajo (por perfil, trayectoria, conocimiento...) y no hay más de que hablar, ZAS, el puesto es tuyo. Chico conoce a chica, se gustan, todo va bien, ya está, sí, surge el amor. La ecuación parecía sencilla y yo confiaba en que alguno de mis pequeños libritos fuera superventas estas navidades (exagero, pero la parodia me ayuda). Y con lo que me he encontrado es con una realidad bien distinta que he de asumir. Tengo que asumir que tras vencer el miedo, escribir tres relatos (y corregir y corregir y corregir la corrección), ilustrar uno de ellos, empezar a mandarlos a editoriales y que estallen en mi estómago los primeros noes esto aún no ha acabado (o empezado). ¿No querías la bohemia? Pues toma, esto es la bohemia. Me dio por repasar algunas entradas de este olvidado blog. Diré que sí me reconocí en el estilo pero me decepcionó el planteamiento, la falta de coraje a la hora de denunciar ciertas cosas o hablar con franqueza de lo que realmente me importaba. Supongo que este blog sólo nació con la pretensión de soltarme y perder miedo, de empezar a escribir pequeñas historias, pero he percibido la autocoacción en pro de no decepcionar o herir a quienes quiero y me he avergonzado. Fin. Fin de esa historia. Fin de querer hacerlo bien antes que escribir porque sí, fin de querer demostrar o buscar el elogio antes que soltar toda esta mierda que me asola: decepción, cambio de etapa, nuevos sonidos, nuevo foco…  Olvidar la errata, prescindir de la estructura y del oficio… Durante este tiempo he aprendido que para escribir hay que ser valiente en el sentido más amplio de la palabra. No sólo hay que practicar el ejercicio de la escritura, no, también hay que ser honesto con lo que de verdad se quiere contar. Huir de la metáfora, la ambigüedad y la falsa complejidad y convertirse de verdad en un caballero andante, en un Don Quijote “pues casi yaestamos sin savia, sin brote, sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, sinpiel y sin alas, sin Sancho y sin Dios”. No tener miedo a no gustar u ofender. Ser noble y escribir en conciencia (¡ay, la conciencia!). Creo que me he olvidado de escribir (me da vergüenza hacerlo tras leer a gente tan buena como a algún payaso) pero creo que ya no tengo miedo, que me he asumido. ¿Quién soy? Eso ya no importa tanto mientras sea. Soy Don Quijote y es por eso por lo que quiero apostar aunque pierda todos los dientes. ¿De qué escribir? Tampoco importa tanto que los hechos sean ciertos. ¿Qué es verdad? ¿Qué es justo? Lo único importante es lo necesario. Lo importante, como diría el poeta, es llegar a mi centro. Me he vuelto a apartar, pero sé dónde está. Por eso me presento, por fin. Buenos días a todos, soy Raquel Núñez.

5 comentarios:

Cynthia Soriano dijo...

Hola, excelente blog. Me encanta esta entrada, es genial!!!.
Te invito a pasarte por mi blog:
http://librospuenteaotrosmundos.blogspot.in
Un saludo :)

Cynthia Soriano dijo...

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Cynthia Soriano dijo...

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a片 dijo...

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