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martes, 17 de mayo de 2011

Melancolía, de Rubén Darío


Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de sueño y loco de armonía.

Ése es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

sábado, 1 de marzo de 2008

Manual de estilo

Ni adjetivos, ni recreamiento, ni aún vocabulario.
Ni academia de parbulario.
Ni qué buen vasallo si hubiese buen lector.
Eso es pompa ni de jabón.
Si redunda, no es rotunda.
LLaneza, amigo Sancho, que toda pretensión es vana,
–¿o buena, diré mañana?–.
Nunca ynsystyr con un “y” –antes negar con un sí–.
¡Tente! Calificativo, calificador.
Etimologia de cal –de caldo soso a falta de carne y sal–.
El adjetivo, juzga. Es la simpática, pero fea, junto al nombre.
Resta imaginación a la lectura la impostura de escritor.
¡Frases sin fresas, hombre!
Todo, nada, algo, de lo anterior.


Firmado_En la botella. Creo que el hombre soy yo.