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lunes, 13 de julio de 2009

Cuando te pierdes...


1. Cree en el maestro –Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios Mismo.

2. Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.

3. Resiste cuanto puedas la imitación; pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquiera otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una ciencia.

4. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

5. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas.

6. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “desde el río soplaba un viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de las palabras, no te preocupes de observar si son consonantes o asonantes.

7. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él, solo, tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

8. Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta; aunque no lo sea.

9. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
10. No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.
(Horacio Quiroga)

martes, 16 de septiembre de 2008

Un abrazo para ella


Me encantan los abrazos. Creo que no podría vivir sin ellos pero... Todo el mundo no sabe abrazar.
Hay quien piensa que se dan con los brazos: adoptan la pose de croissant y te enganchan y, a duras penas, apoyan sus manos sobre tu espalda.
No me gustan esos abrazos.
No siento nada con ellos.

Cuando se abraza, hay que hacerlo con todo el cuerpo. Hay que alargar los brazos, que estos se peguen al cuerpo del otro. Hay que acariciar pecho con pecho y sentir que tienes a esa persona en tu regazo, a tu cuidado... que eres su cuna. Y sólo así puedo sentir, brevemente que todo está bien. Sólo así el tiempo puede pasar suave.

¡Un abrazo!

© Ilustración de Cecilia Varela